“
(Derechos,
Deberes y Responsabilidades)
Introducción:
Es importante que en todo matrimonio, toda pareja
sepa que fue Dios en que instituyó el matrimonio, El fue el autor del hogar,
también el que diseñó los propósitos y asignó a cada uno sus funciones. Dios
puso las reglas que gobiernan el hogar, reglas que todo esposo debe de
obedecer. Función; Vine’s,
un hecho, una acción, practicar, una actuación. Thayer; una cosa que debe de hacerse. Larousse; Actividad ejercitada por un elemento vivo, ejercicio de un
empleo. "Vosotros, maridos, igualmente, vivid con ellas sabiamente, dando
honor a la mujer como a vaso más frágil, para que vuestras oraciones no tengan
estorbo." (1 Ped. 3:7). Hermano; ¿Tiene
usted la seguridad de que sus oraciones están siendo contestadas, de que no
tienen ningún estorbo?.
¿CUAL ES ESA FUNCIÓN?
A. Es la cabeza del hogar, la palabra
“cabeza” significa autoridad. El marido debe ser capas de establecer en su
hogar la autoridad que Dios le dio, en su casa debe haber disciplina, respeto,
obediencia para con él. Sino lo hacemos y permitimos que la esposa, o los hijos
dirijan el hogar, perdemos toda dignidad y honor, deshonrando a nuestra cabeza,
que es Cristo. (1 Cor. 11:3). (Efe. 5:22-24, 33; 1. Ped. 3:1-2, 5-6; Col. 3:18; Ef. 6:1-4; Col. 3:20-21; Prov.
23:13, 29:15, 17).
B. El marido es el director de la familia, es
el responsable de dirigir su hogar sabiamente, con inteligencia, con amor, con
paciencia para que en todo su familia prospere. Dar
dirección al hogar, guiar su familia,
especialmente en asuntos emocionales, espirituales, por ejemplo, por enseñanza.
(1. Tim. 3:4; Gén. 18:19; Josué 24:15; Tito 2:7-8; Efe. 6:4; Col. 3:21;
Prov. 22:6).
C. El
protector de su hogar, de su familia, el que cuida de su esposa, de sus
hijos y de los intereses de su casa. El marido debe de ser un buen
administrador de sus bienes, que no mal gaste lo que Dios le prospera, que no
ponga en peligro su hogar sino al contrario, que busque el bienestar de su
familia. Cristo es el modelo para todo marido, Él es el salvador de la iglesia,
Él que la sustenta y la cuida. (Efe.
5:23, 28-29, 33; 1. Cor. 13:5; 1. Tim.
5:8; 1. Tesa. 4:11-12).
D. Honrar
a su mujer, nuestro respeto por nuestra esposa debe de ser uno grande y
profundo. Si nosotros reconocemos todo lo que ella hace por nosotros y por
nuestros hijos, si reconocemos sus virtudes, entonces podremos ver cuan
merecedora es ella de nuestro respeto. ¿Como le enseñamos a nuestra esposa el
respeto que le tenemos? Cuando la escuchamos, cuando aprendemos de ella tomando
en cuenta sus deseos y opiniones, cuando no la miramos como una esclava, sino
como nuestra compañera. (1. Ped. 3:7;
Prov. 18:22, 31:28-31, 12:4; 1. Tim. 5:14).
E. Amar
a nuestra esposa, el amor no debe de
ser expresado con palabras solamente, sino con hechos, con la conducta, con
consideración, con ternura; Dijo Pablo, "Maridos, amad a vuestras mujeres, y no
seáis ásperos con ellas." (Col. 3:19). También con humildad,
reconociendo que también nosotros cometemos faltas y no solamente ellas. El
verdadero amor se expresa en el afecto, en la simpatía, en el apoyo, en el
consuelo, en la comprensión, en la paciencia y en mucha consideración.
Hermanos, ¿que hay en nuestro amor, sacrificio o egoísmo?.
Dios nos manda que amemos a nuestra esposa así como Cristo amó a la iglesia,
así como a uno mismo. (Efesios 5:25, 28-29, 33). Si el
marido aborrece a su esposa, se aborrece a si mismo, si el marido destruye la
felicidad de su esposa, destruye su propia felicidad porque somos una sola
carne. (Gén. 2:18, 20-24). Cuando todos los
maridos entendamos esta gran verdad, entonces van a existir menos maridos
egoístas, hombres que en el deber conyugal, solo buscan su propia felicidad, su
propio placer y no el de su esposa. (1. Ped. 3:7;
Prov. 5:15-19; 1. Cor. 7:3-5). Pablo manda no
solo que el acto se realice, sino que en ese acto los dos encontremos una
completa satisfacción. El plan y propósito de Dios fue nuestra felicidad, hay
muchos matrimonios donde la esposa no es feliz, porque no hay ternura, no hay
consideración, no hay comprensión, no hay atención de parte de su marido, él
está faltando a su función. (Prov. 5:18; 1. Cor.
13:4-7).
F. Reconoce,
acepta las limitaciones de su mujer. Hermanos, el trabajo de la mujer en la
casa nunca se acaba, menos cuando ella
también trabaja y menos su tiene un esposo y unos hijos desordenados y sucios.
A veces ella necesita nuestra ayuda en el trabajo de la casa especialmente
cuando ella se enferma, la cocina, el baño, los pisos y todo lo que hay en la
casa es de toda la familia. Hay muchos maridos que no se molestan ni tan
siquiera en recoger su plato de la mesa,
de sacar la basura menos de tomar una escoba o la aspiradora. ¿Saben
porque no? porque son muy machos y no quieren ser llamados “mandilones”. Muchas
veces esperamos y demandamos mucho de la mujer, hermanos, la mujer es débil,
frágil, no intelectualmente o
en cuanto a sus cualidades morales, sino físicamente, emocionalmente. (1. Ped. 3:7; Col.
3:19; Prov. 11:17).
SUGERENCIAS BASADAS EN PRINCIPIOS BÍBLICOS
A. La
palabra “cabeza” no quiere decir “dictador”, la esposa no debe de permitir
abusos sobre ella o los hijos. Un esposo abusivo está estorbando la salvación
de su esposa, de los hijos, la suya propia y sus oraciones tienen un estorbo
muy grande ante Dios. (1. Ped. 3:7).
B. Hagamos
un esfuerzo honesto de hacerle saber que la amamos y es importante es en el
hogar, por nosotros, por los hijos, no tengamos temor de alabarla. (Efe.
5:25; Prov. 12:4, 31:28).
C.
Tengamos confianza en ella, seamos pacientes, entendidos, razonables. (Prov.
31:10-11).
Conclusión:
Hermanos,
fue mi deseo cubrir todo lo posible de la función del marido en el hogar, de
sus deberes, sus responsabilidades y de sus derechos. Todo lo hice para que
hagamos un esfuerzo en venir a ser hogar
sea uno como Dios quiere. Nos ayudará el estar conscientes de que fue Dios el
autor del hogar y el que asignó a cada persona, (marido, esposa e hijos) su
función, a nosotros nos toca sujetarnos a todo lo que Él nos ha mandado y
alcancemos así toda la felicidad que Él diseñó en el matrimonio. (Eclesiastés
9:9; Prov. 5:18-19, 18:22; Sal. 128:1-6).
Juan Antonio Salazar