"Mujer virtuosa, ¿quién la hallará?."
(Prov
31:10)
Introducción:
La
descripción que se nos da aquí de la mujer virtuosa, es con el propósito de
enseñarnos la clase de esposa que la mujer necesita venir a ser, y al hombre, la
clase de esposa que el necesita escoger. Aquí en Proverbios se describa a la
mujer virtuosa como una mujer que se caracteriza por sus numerosas virtudes y
gracias, que están basadas en su piedad, su temor y amor a Dios. Estas virtudes
son las que hacen que la mujer virtuosa tenga esa belleza que sobrepasa en gran
manera a la de las piedras preciosas. Estima,
precioso; Vine’s. Algo de mucho precio, de mucho
valor, algo maravilloso, lleno de esplendor, algo que sobrepasa largamente a
las piedras preciosas, algo de una belleza rara, poco común. Hubo mujeres así. (Rut 3:11, 1:16).
1. ¿Cuales son esas virtudes?
A. Su
amor por su marido y por sus hijos; ese amor que se demuestra con hechos, con
devoción, y con la disposición de ocupar en el hogar, el lugar que Dios le
asignó. Para allí amar, atender, cuidar
a su marido y a sus hijos. (Prov. 31:12, 21; Tito 2:3-5; 1. Tim.
5:14; Prov. 14:1, 12:4).
B. Su actividad doméstica; por la manera en que se conduce en el
hogar, debe ser una que beneficie a su familia. El hombre trae a casa los
alimentos, su paga y confía en que su esposa lo distribuirá de una manera sabia
haciendo lo mejor que pueda, confía que ordenará y cuidará su casa también. (Prov.
31:13-15, 17-19, 22, 27; 2. Tesa. 3:7-12; 1. Tesa. 4:11-12; Tito 2:5).
C. Su conducta casta y respetuosa, por la confianza
que ha logrado de su marido y por la buena reputación que, por su conducta ha
llegado a tener para ella y que se reflejará en su marido, en sus hijos y en su
hogar. (Prov.
31:11, 23, 25; 1. Ped. 3:1-6; Prov. 7:10--19; 1. Sam. 2:24).
D. Por su amor y compasión para con el pobre, por
pensar, por acordarse del pobre, por ser una buena vecina, por ser bondadosa y
misericordiosa. No como aquel rico que no vio por Lázaro cuando estaba echado a
su puerta. (Prov. 31:20, 19:17, 22:9, 14:21; Sal. 41:1; Mateo 25:40).
E. Por su modo de hablar, lo hizo con sabiduría, con
prudencia, con entendimiento. La ley de
clemencia está en su boca; Clemencia, virtud que consiste en perdonar,
en no guardar rencor.
(Prov. 31:26, 8:6-9; Efe. 4:29,
31-32; Col. 4:6; 1. Tim. 5:13; Col. 3:12-13).
2. Ella será grandemente recompensada.
A. Por
sus hijos, al darle amor, siendo obedientes, en tenerle un profundo respeto y
al darle el lugar que ella se merece en su casa. Es la reina. (Prov.
31:28; Efe. 6:2; Col. 3:20; 1. Tim. 5:4).
B.
También por su marido, al apreciar todo lo que usted hace por el y por sus
hijos, no siendo indiferente, al darle honor viviendo con usted sabiamente y
amándola así como Cristo ama a su iglesia. (Prov. 31:28, 5:15-19; Efe. 5:25;1. Ped. 3:7; 1. Tesa. 4:3-5; Heb. 13:4; Prov. 6:32-33).
C.
Nuestro Dios también la dará su recompensa, haciéndole saber cuanta estima
tiene ante sus ojos una mujer así, una mujer con estas virtudes, con estas
gracias, nada será en vano para Dios. Es una mujer dichosa. (Prov. 31:29-31,
19:14, 11:16, 30, 10:7, 12:8; Sal. 128:3; 1. Ped.
3:4).
Conclusión:
Dijo el
Señor; "El que halla esposa halla el bien, Y alcanza la benevolencia de
Jehová." (Prov. 18:22). El plan de Dios al darnos una esposa, el
propósito era darnos una grande bendición. Una buena esposa viene a ser un
regalo de Dios para nosotros, por medio de ella alcanzaremos la benevolencia,
el favor de Dios, El Señor la diseñó para darnos toda la felicidad del mundo,
pero es necesario que esa mujer sea una mujer virtuosa, de lo contrario no
habrá esa felicidad. (Prov. 12:4, 21:9, 19, 25:24). Hermana,
¿es usted una mujer virtuosa? Entonces su estima, su valor sobrepasa en gran
manera a la de las piedras preciosas, Los
rubíes, esmeraldas.
Pero si
no le es, tenga mucho cuidado puede llegar a destruir su casa, sus hijos, su
esposo. Como la carcoma; Carcoma es, un
insecto que se come la madera, representa algo grave y continuo, algo que
consume la salud, las finanzas, la felicidad y la paz. (2. Rey. 9:35-37; Prov. 12:4, 14:1).
Usted
que no ha obedecido el evangelio, ¿lo quiere hacer hoy? le invitamos. (Hech. 2:39-41, 47).
Juan Antonio Salazar